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La pérgola de las flores

Dramaturgia de Isidora Aguirre. Letras de Francisco Flores del Campo

Escena 0

Acotación

La Pérgola de las Flores
Comedia musical

Esta comedia musical fue estrenada en 1960, en Santiago de Chile, por el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica, bajo la dirección de Eugenio Guzmán. La acción transcurre en Santiago, en los últimos años de la década de 1920. La obra se divide en dos partes.

PRIMERA PARTE
Escena 01: La Pérgola de San Francisco, en la Alameda, a mediodía.
Escena 02: cuadro de transición (ante una cortina): Un lugar de la Alameda, el mismo día, algo más tarde.
Escena 03: El taller de pintura de Carlucho, hijo del alcalde, al día siguiente.
Escena 04: La Pérgola al anochecer, un día después.

SEGUNDA PARTE
Escena 05: La peluquería de M. Pierre, al otro día.
Escena 06: La Kermesse del domingo (día siguiente), en el Club Hípico (salones del Club Hípico).
Escena 07: Tonadas de medianoche (la calle, esa noche).
Escena 08: La Pérgola a mediodía, al día siguiente, lunes.

PERSONAJES

ROSAURA SAN MARTIN, florista, dueña de un puesto en la Pérgola.

DOÑA RAMONA, florista de más edad, dueña de un puesto.

DOÑA CHARO, florista, dueña de un puesto.

CARMELA, ahijada de Rosaura, llega a la Pérgola, joven campesina.

TOMASITO, hijo de doña Ramona, ayuda en el puesto a su madre.

FACUNDO, el carabinero amigo de las floristas.

PALTERO, vendedor del lugar.

SUPLEMENTERO, del lugar.

VARIOS LUSTRABOTAS, amigos de las floristas. Clientes de la Pérgola y otras floristas en los puestos.

LAURA LARRAIN, viuda de VALENZUELA.

PIMPIN VALENZUELA, EL URBANISTA, hijo de Laura Larraín.

FUENZALIDA, ayudante del Urbanista Valenzuela.

CLARITA, sobrina de Laura Larraín.

EL ALCALDE ALCIBIADES, pretendiente de Laura.

CARLUCHO, hijo del alcalde.

EL REGIDOR GUTIÉRREZ, amigo del alcalde.

REBECA Y LUCIA RIOSECO, solteronas, clientes de la Pérgola.

CORI Y LUCHI, dos niñas “flappers” amigas de Pimpín Valenzuela.

PIERRE, peluquero de Laura.

TRES AYUDANTAS de Pierre.

RUPERTO, mozo italiano, en la Kermesse del Club Hípico.

COMPARSA Y CUERPO DE BAILE, que interpretan:

LOS ESTUDIANTES, defensores de la Pérgola.

INVITADOS DE LA KERMESSE: La Mujer de Rojo, prostituta; vendedor y borrachos en “Tonadas de Medianoche”; niñas “flappers” en cuadro de la Alameda; un Cura, un Fotógrafo, pareja, muchachas que pasan por la Pérgola.

Escena 1

PRIMERA PARTE
OBERTURA
ESCENA 01
La Pérgola, a mediodía: se ven las torres de San Francisco y la pila de agua entre los kioscos, tal como estaba en los años 30. Las floristas en sus puestos: ROSAURA, mediana edad, alegre, dominante, simpática; RAMONA, más vieja, pequeñita, chismosa, vivaracha, beata; CHARO, gordita, romántica, mediana edad, más calmada y muy risueña; RUFINO, el maestro coronerò, simpático, borracho, flojo, mediana edad.
Junto con terminar la obertura musical, se abre la cortina y, además de estos personajes, hay varias vendedoras en los puestos y vendedores ambulantes, lustrabotas, suplementero, y otros personajes callejeros, parejas, señoras, etc., que cantan junto con las de la Pérgola la primera canción.

Floristas

¿Quiere flores, señorita,
quiere flores el señor?
Tengo rosas muy bonitas
para cualquier ocasión.
Las hay blancas como novias,
las hay rojas de pasión
y unas algo paliditas
cuando es puro el corazón.
¿Quiere flores, señorita,
quiere flores el señor?

Coro

¿Quiere flores, señorita,
quiere flores el señor?
Tengo rosas muy bonitas
para cualquier ocasión.
Las hay blancas como novias,
las hay rojas de pasión
y unas algo paliditas
cuando es puro el corazón.
¿Quiere flores, señorita,
quiere flores el señor?

Rufino

Una fresca coronita
pa un amigo en el panteón
y una de cardos y espinas
pa la suegra del patrón.

Coro

(Todos ríen)

¿Quiere flores, señorita,
quiere flores el señor?
Tengo rosas muy bonitas
para cualquier ocasión.
Las hay blancas como novias,
las hay rojas de pasión
y unas algo paliditas
cuando es puro el corazón.
¿Quiere flores, señorita,
quiere flores el señor?

Lustrabotas

Lustriamos, lustriamos; señor, le lustriamos.
Lustriamos, lustriamos; señor, le lustriamos

Suplementero

¡Mercuuuuuuurio y Diarioo!

Lustrabotas

Lustriamos, lustriamos.

Suplementero

¡Mercuuuuuuurio y Diarioo!

Lustrabotas

Lustriamos, lustriamos.
¡Sácale brillo, sácale brillo,
sácale brillo con el cepillo!
¡Pásale paño, pásale paño,
pásale paño, que no hace daño! (bis)

Coro

¿Quiere flores, señorita,
quiere flores el señor?
Tengo rosas muy bonitas
para cualquier ocasión.
Las hay blancas como novias,
las hay rojas de pasión
y unas algo paliditas
cuando es puro el corazón.
¿Quiere flores, señorita,
quiere flores el señor?

Acotación

(Se escucha el cañonazo de las doce en el cerro Santa Lucía.)

¡Las doce!

(Se persigna). Ave María Purísima, sin pecado concebida.

(Harapiento, mirándose en la muñeca un imaginario reloj) ¡Jus-tito!

Acotación

Entran, corriendo y cargadas de paquetes, Cora y Luchi, muy sofisticadas y coquetas.

¡El carro “Providencia”! ¡Pare! (Hace señas). ¡Apúrate, Cora! (Grita haciendo detener el carro). ¡Pare!

(Desde atrás). Luchi, ¡espérame, no seas plomo! (Pasa el tranvía en música, sin detenerse).

Acotación

Tropiezan con el regidor Gutiérrez, un caballero que hace subir y bajar, en un tic, sus pobladas cejas. Caen paquetes. El regidor les ayuda a recogerlos.

Ay, ¡qué atroz!

¡No te puedo creer!

(Al regidor, agradeciendo el paquete). ¡Un millón!…

Perdone.

Apúrate, que se va el carro. ¡Maquinista! ¡No se vaya!

Acotación

Ruido en música, humorística, del carro que sigue sin detenerse.

¡Qué plomo! ¡Se fue! (Están frente al puesto de Charo)

¿Qué van a querer, señoritas? Pasen a ver las clavelinas, llegan a estar
repugnantes de olorosas.

¿Llevamos, linda?

No seas exótica, ¿dónde vas a meter más paquetes?

(Con un codazo e indicando al regidor). Mira qué fresco, ¡se nos pegó!

Es el regidor Gutiérrez. Hazte la lesa, que no se nos junte. (Salen las dos, seguidas de cerca por el regidor).

Acotación

Entra el alcalde Alcibíades, caballero fino, elegante, vividor; sonríe.

(A Rosaura, por lo bajo). Habíale de las patentes… (A él). Buenos días.

Buenos días, señor alcalde.

Buenos días, buenos días… (Sonríe a todos).

¿Qué se le va a ofrecer? Mire qué preciosura de rosas le tengo.

Póngame una docena de esas rojas. No, dos docenas. Bonitas, ¿ah?

Como para quien las pide, pues. Oiga, señor alcalde, nos estábamos acordando recién de la deuda de las patentes.

Dijo el inspector que éramos deudoras “amorosas”.

“Morosas” será, ¡ignorante!

¿No podría hacerle un empeñito para que nos den otra prórroga en la Municipalidad, señor alcalde?

(Mirando distraído a las muchachas que pasan). Sí, sí, cómo no.

(Con muchos coqueteos). ¡Ay que se lo vamos a agradecérselo, señor alcalde!

¿Se las va a llevar, señor alcalde? (El la mira sin entender). ¡Las rosas!

Ah, sí… No. Mándelas a Mosquete 333, señora Laura Larraín viuda de Valenzuela. Hasta mañana. (Sale tras una bella que le ha estado coqueteando hace un instante).

Hasta mañana, señor alcalde. (En cuanto él sale). “Larraín viuda de Valenzuela…” ¡Esta es nueva!

¡Se fregó el alcalde! Las viudas, cuando agarran, ¡no sueltan!

¡Bah! Una viuda para un viudo, como ha de ser no más.

El alcalde es buen partido. Dicen que “tiene”. (Gesto con los dedos indicando mucho dinero).

¡Y no va a tener! Así son los políticos: maman mientras están, arriba. Y uno
¡que se pudra trabajando!

(Mira el reloj de la torre de San Francisco). Tan tarde y la Carmelita sin llegar. El tren estaba anunciado para las once.

Así es que hoy día llega su ahijadita de San Rosendo. (Cariñosa). ¡Buena cosa!

Oiga, voy a alcanzar al frente, donde misia Paulita, que me tiene guardadas
una flores de anoche. (Sale.)

Acotación

Rufino aprovecha su ausencia para dejar la corona que trabaja y salir un momento de la Pérgola, haciendo señas maliciosas.

Señora Ramona, ¿sabía que la señora Rosaura trae a su ahijadita a trabajar aquí a la Pérgola?

(Teje a crochet en su puesto). ¡ Una que se va a perder! Esas huasas novedosas, en cuanto llegan a la capital, dan al tiro un paso en falso. Ya ve, una comadre mía trajo a la chiquilla a emplearse. ¡Jesús…, elempleíto que…! ¡Tatecalla, Ramona, que no hay peor loca que la boca! (Sigue tejiendo. Ve al regidor, que se ha instalado frente a ella. Con dulzura). ¿Qué va a querer mi caballerito? ¿Un ramo de violetas para la novia?

No tengo novia.

¿Unas flores para la mamacita?

Hace diez años que la enterré.

(Más seca). Dios la tenga en su gloria. Llévele una coronita al cementerio.

Está enterrada en Punta Arenas.

(Seca). ¡Tan “re-lejos” que la fue a enterrar! Oiga, si no va a comprar, ¡con qué destino se viene a parar aquí!

Estoy esperando a un colega.

(Peleadora, se le enfrenta). ¡No sabía que esto era “paradero”!

Paradero es donde uno se para.

¡Chs! ¿Desde cuándo? Ya, ¡córrase más allacito! ¿No ve que onde está de
“tapón” me perjudica las ventas?

Vieja chuñusca, desagradable; te vas a acordar de mí. (Se aleja).

¡Jesús!, no me vaya a morir del susto, ¡cejas con pica!

(Entra con flores). Maestro Rufino… ¡Bah! ¿Para dónde cortó?

Recién no más lo vi, afanado con unas coronas.

Búsquelo en la cantina. (A Charo). No entiendo cuál es el gusto de andar tomando. Y a la “horade doce”, ¡dígame usted! (Tejiendo). Es mucho vicio.

¿Y a usted qué le importa?

Un maestro coronerò que se lo pasa “a medio filo” es descrédito para la
Pérgola. Más ahora que están tan delicados en la Municipalidad. Capaz que
nos corran de aquí.

Miren… Si nos van a correr porque el Rufino se toma unos tragos de más,
¡tendrían que correr a todo Chile pa la Argentina, señora Ramona! (A Charo, por Ramona). Vieja criticona, ¡mansa boca!…

(Se le acerca, agresiva). ¡Ji! ¿Cómo dijo?

(Hacia Charo). Cree que porque se golpea el pecho puede andar sermoneando
a todo el mundo.

(Mismo juego). Y ella cree que porque mandonea a su maestro puede atrepellar a cualquiera. ¡Le advierto que tengo re malas pulgas!

(Con enojo. Se enfrentan). ¡Pulgas tendrá usted, so…! (Cambio súbito: han entrado dientas, las Rioseco. Las dos les ofrecen flores). ¿Qué van a querer, caseras?

Azucenas, ilusiones para la Virgen…, nardos…

Acotación

Las dos hermanas se han detenido, conversan sin escucharlas.

¡Sí, niña! Se casa con un francés… (A Rosaura). Déme un ramo de manzanillones.

No te creo, ¿francés?

Francés de apellido, no de Francia, niña. (Recibe las flores).

Ah, eso sí. (Mientras salen, a Lucía). ¿Otra vez manzanillones?

(Saliendo). Los quiero para el comedor… (Están ya afuera).

Esta casera no se apea nunca de los manzanillones. ¡Lo que es la avaricia!

Acotación

Carlucho, pintor bohemio, hijo del alcalde, asoma al balcón, a un costado; se estira y bosteza. Lo miran las floristas.

Buenos días, don Carluchito. (Codea a Ramona). Salude al hijo del alcalde. (A él). ¿Cómo es que está tan madrugador?

Todos los días me despierta ese maldito cañonazo de las doce.

(Chinchosa). Dígale a su papacito que lo haga correr para la una, pues. (El desaparece arriba). ¡Tan simpático el hijo del alcalde, y tan artista! Dicen que tiene ese cuarto llenito de cuadros “pintados a mano” por él.

¿Artista? ¡Ocioso querrá decir! Es de los que se deja crecer la chasca y que lo mantenga su papá. Es “re-conocido” por sus fechorías.

Dicen que los pintores sacan retratadas a las mujeres como Dios las echó al mundo. ¿Será cierto, señora Ramona?

Y cosas peores, señora Charo. Ese don Carlucho, chiquilla que conoce le pide
que le vaya a… “reposar”…, y le diré que… ¡Estáte calla, Ramona, que no hay
peor loca que la boca!

(Pasa voceando). ¡Las paltas, las tremendas paltas!…

Ya llegó ese cargoso a meter bulla.

(Grita en su oído). ¡Las paltas, las tremendas paltas!…

¡Vaya a estafar a la gente a otra parte!

¿Acaso es suya la calle? ¡Las paltas, las tremendas paltas, pura mantequilla las
paltas! (Sale gritando).

(Amenazándolo). ¡Aguárdese no más! (A Rufino, que entra). Y usted ¿dónde se había metido? Yo afanada aquí con las coronas. La manerita que tienen algunos maestros de ganarse el sueldo.

(Sonriente) Ya, no me palabree tanto; si fui ahí no más, donde mi compadre, que me debía un “papel” de a cinco. (Le enseña un billete).

(Quitándoselo). Pase pa’cá, no se lo vaya a ir a tomar.

(sorprendidos)

¡Chs!… ¡Cómo es la cuestión!

(A Charo). Me tiene preocupada la Carmelita, ¿qué le habrá pasado? Oiga, atiéndame un ratito (indica el puesto), para alcanzar ahí al “Ramis Ciar”. Voy a telefonear a la estación. (A Rufino). Y usted, ¡agilícese con esas coronas!

(Al salir ella). Uno que a puro rasquido lograjuntar unos pesitos y viene la patrona y se los embucha. ¡Chs! Cree que porque tiene muebles barnizados y catre de bronce puede andar a caballazos con el prójimo. Pero va a ver no más…, ¡me voy a tomar mi desquite!

¿Y cómo se va a desquitar, maestro?

Me voy a casar con ella, ¡palabra de hombre! Lo que le hace falta ¡es tener
quién le baje el moño!

(Ríe). ¡Ahí lo quiero ver! (Mirando). Señora Ramona, viene su hijo con el reparto de flores.

¡Tomasito! (Entra Tomasito. Es buenmozo, huraño, trae flores envueltas en diario. Ramona se le acerca, cariñosa). Tan atrasado que vienes, hijo. ¿Qué te pasó?

Pana de rueda.

Tan desabrido. Ni saluda a su madre.

Buenos días, señora. (Pasa al fondo).

¡Me gusta el Tomasito! Me gusta por lo callado que es.

A usted parece que le gustan todos: unos por lo callados, otros por lo
conversadores.

Acotación

Empieza un alboroto: la llegada de la Carmela. Pitos, bocinazos, música y montaje de ruidos de un choque; gente que se desplaza, etc.

(Mirando). ¿Y eso qué contiene?

Choque, parece.

Chitas con la tremenda huifa…

Acotación

Se inicia música de canción.

¿No será la Carmelita?

¿Quién es la Carmelita?

La ahijada de la señora Rosaura que llega de San Rosendo… Claro, ¡ tiene que
ser la Carmelita! (Todos se agrupan).

¡La Carmela! (Varios la nombran).

Acotación

Entra la Carmela con canastos: es una huasita de trenzas y sombrero campesino de paja. Viste en forma peculiar y graciosa, botines, medias de algodón. Es bonita y alegre. Canción y baile de la Carmela y elenco.

CANCIÓN
Yo vengo de San Rosendo

I

Coro

Carmela, Carmela,
llegas a la ciudad
con la cara sonriente,
¡ay, qué felicidad!

Carmela

Yo vengo de San Rosendo
a vivir a la ciudad;
allá la vida es muy sana,
pero nunca pasa na. (bis)
Se trabaja todo el día,
se duerme al anochecer
y apenas clarea el alba
trabajamos otra vez…, ¡ay!
Yo vengo de San Rosendo
a vivir a la ciudad.

Coro

Carmela, Carmela,
llegas a la ciudad
con la cara sonriente,
¡ay, qué felicidad!

Acotación

II

Carmela

Me han dicho que aquí en Santiago
se trabaja poco y na,
y que dicen cosas lindas
si una va emperifolla, (bis)
Allá cuando te acicalas
para llamar la atención,
llega un huaso bien ladino
y te planta un empujón… ¡ay!
Yo vengo de San Rosendo
a vivir a la ciudad.

Coro

Carmela, Carmela,
llegas a la ciudad
con la cara sonriente,
¡ay, qué felicidad!

Acotación

III

Carmela

El campo en noche de luna
no tiene comparación,
pero un besito al oído
¡ay, mamita, qué emoción!… (bis)
De allá vengo bien gordita
y quemadita de sol;
aunque quede transparente,
quiero que me hablen de amor…, ¡ay!
Yo vengo de San Rosendo a vivir a la ciudad.

Coro

Carmela de San Rosendo
¡ha llegado a la ciudad!

Acotación

Entra Facundo, el carabinero, y detiene con su mano a Carmela.

¡Queda detenida!

Acotación

(Tomasito se interpone, defendiéndola.)

¡Epa! ¡No moleste a la señorita!

¡A la comisaría! Por desorden en la vía pública: por culpa de ella chocó un
vehículo contra un poste; hay dos damnificadas.

Reclámeles a ellas, las que se estrellaron: soy testigo de que la señorita no
tiene nada que ver en el choque.

Total, traía unas aves de San Rosendo y con tanto bocinazo me le espantaron,
pues.

El choque fue causado por las aves, que se atravesaron en la vía pública.

¡Ave María…! (Ve a Rosaura) ¡Madrina!

¡Chiquilla! (Se abrazan). Tan preocupada que me tenías. Y la media zalagarda que armaste, niña.

Me quieren llevar presa, madrina… (Todos se acercan).

¡Pero si es don Facundo! (Zalamera). Esta es mi ahijadita que viene del campo, pues, don Facundo.

Pero yo…

Si no es nada, “mi cabo” (Le coquetea).

Total, ¡no llego el agua al río!

(Pasándole un vaso). Sírvase. ¡Está rico el mote con huesillos!

Es que hubo un choque, señora Charito. Claro que…

No se preocupe: yo respondo por la señorita.

Bueno, si usted responde…, y si la señora Rosaura es la madrina…, y la señora Charito me lo pide…, ¡la cosa “cambea”! (Todos celebran, ríen). Y no habiendo reclamo de parte de las damnificadas… (Se atora con el líquido al oír la voz de Laura Larraín, que entra furiosa seguida de Clara, su sobrina).

(solo se escucha su voz) “¿Dónde está esa huasamaca de las gallinas? ¿Y ese paco leso, dónde se
metió?”

Acotación

Hace su entrada Laura, muy elegante, pero con el sombrero torcido; es joven aún y buenamoza, coqueta, segura de su importancia y de su rango social; habla sin respirar casi; es distraída, simpática a pesar de su prepotencia. Clarita, la sobrina, es como su sombra, sofisticada, habla con desgano, típica “flapper” de los años 30.

No hay derecho: el Ford “Coupé”, nuevo, flamante, ¡incrustado contra el
poste por culpa de esa chiquilla boquiabierta! ¿Dónde se metió el
carabinero?

“Te-idea…” (Por “no tengo idea”). No te creo… (Indica) Ahí, íntimo con la huasa de las gallinas, tía Lala…, con las floristas de la Pérgola.

¡Ah, no! Sobornaron al carabinero. (El la mira con aire culpable). Déjame a mí. (Se enfrenta a Carmela). Oiga, mijita, ¿no podía cerrar la boca para cruzar la Alameda?

¿Y por qué no la cerró usted en lugar de estrellarse contra el poste?

Miren que no ver ese tremendo aparato…

(A Carmela). No le importe, mijita, ¡ella es la aturdía!

(Indica el sombrero de Laura). ¡Le abollaron el modelito!

Pero ¡qué tupé! ¡No saben con quién están hablando! (A Clara). ¡No las soporto!

¡Qué atroz! No te metas con rotas, tía Lala.

(Avanza, agresiva). ¿Dónde nos han visto las roturas? Mírese las piernas, más mejor. (Todos ríen).

¡La muerte! (Mirándose). ¡Mis medias Kayser recién compradas! (¡Mételes pleito, tía Lala! (Se echa saliva en la media).

Eso no es nada: vaya a ver cómo quedó el auto, carabinero. El parabrisas
triplex, irrompible, ¡hecho añicos!

¡Y tu sombrero!

No se vaya a morir porque se lo abollaron…

Parece “bacenica”.

¡Qué humillante! ¡Vamonos!

Pero haga algo, carabinero. ¡Qué paco tan cargante!

A ver, a ver, ¿cómo es la cosa? (Saca una libreta y lápiz).

Llévesela presa de una vez, carabinero.

De aquí no se mueve. Respondo por ella.

¿Y éste en qué se mete? (Mira desafiante a Tomasito).

Tía Lala…, me siento pésimo. Me pegué en la cabeza. ¿Subamos donde el
Carlucho? (Indica la ventana del taller de Carlucho).

Déjate de dramas: después ves al Carlucho. (A todos). Ah, y sepan que somos íntimas del alcalde y que vamos a presentar queja. (A Clara). Tómale el número de la placa. Con este régimen de milicos los pacos creen que pueden hacer lo que se les da la gana. ¡Están insoportables!

(Balbucea, asustado). Có-cómo es la cosa… Lesiones…, sitio exacto del suceso… Mejor ¡despejando! (A Laura). Acompáñeme a la comisaría…

¿A la comisaría YO? ¡ Hágame el favor! Venga a ver el auto será mejor, y
tome nota.

Tía Lala…, me va a dar una fatiga… (Se llévala mano a la frente, y hace como si se le doblaran las piernas).

¡No es el momento, Clarita! (Ella vuelve a su actitud normal con una patadita de despecho. Laura la arrastra de un brazo. A todos). Sepan que mi nombre es Laura Larraín viuda de Valen-zuela, prima hermana del senador, hija del ex ministro de la Corte… (Ya están fuera de escena sobre estas palabras).

(Hacia ellas). ¿Y “su abuelita”, quién era? (Todos se burlan, ríen).

Larraín viuda de Valenzuela…, me suena ese nombre.

(Mirando la tarjeta donde anotó). Miércales; es la viuda de las rosas.

Ya está.’Nos fregamos con el alcalde.

Plata no nos pueden sacar ¡aunque nos estrujen!

¡Qué tanto será! Mucho ruido y pocas nueces. (A Carmela). Total que no he podido saludarte a gusto, Carmela. Ven que te abrace… (La abraza con ternura). ¿Cómo quedó mi taita?

Lo más alentado.

(Emocionada). ¿Y la señora Auristela?

“Enterando” no más. Creímos que no pasaba el invierno.

(Secándose unas lágrimas). Pobrecita.

Agarró un reumatismo fatal. Saludos le manda el Antuquito y mi taita le manda este pernil, aliñado como es su gusto… (Saca un pernil envuelto en diario, del canasto), y la pila de recados que con tanta bolina me le olvidaron.

(Aspirando el aroma del pernil). Buena cosa, buena cosa… En fin, que estás aquí, chiquilla.

(Ha salido y entra con una gallina tiesa). Un poco machuca quedó con el choque, pero ¡para la olla sirve!

(La recibe). Gracias, joven. Da gusto la gente comedida.

Acotación

Entra Carlucho.

¿Qué pasó, señora Rosaura?

No me diga nada, don Carluchito: mi ahijada, pues, que viene de San Rosendo y armó la trifulca con unas gallinas… (Carmela baja la vista y sonríe, avergonzada.)

(Mirándola). Una monada su ahijadita.

(Temiendo por Carmela). Pasa a sentarte, niña. (Carmela pasa tras el puesto). Hija de mi difunta hermana, ¡de tranco largo, como todas las San Martín! La traje para que me ayude aquí en la Pérgola.

¿Por qué no me la manda a “posar” para hacerle un retrato, señora Rosaura”?
(La mira, soñador). Con ese mismo sombrerito, ¿ah? (Se retira Carlucho).

¿Qué pasa? (Se van acercando todos a Rosaura).

¿Qué sale en el diario?

¿Malas noticias?

(Indica el diario). ¿Que no es la Pérgola? Miren como nos sacaron retratadas.

No se alegre tanto. Escuchen (Lee con dificultad): “Proyecto de ensanche de nuestra principal avenida, la Alameda de las Delicias, que se hace…, cada vez…, más estre-cha…, para el intenso…”

Acotación

Tomasito le ayuda con esa palabra.

“Tránsito”.

¡Bah!, ¡qué tanta bulla con su principal avenida! (Sigue). “En…, consecuencia, el joven…, urbanista Valenzuela acaba de presentar a la Municipalidad un interesante…, proyecto de ensanche que consulta (Pausa),
¡la demolición de la Pérgola de las Flores!…, para evitar la angostura de que adolece…, dicho “sec-tor”…, a la altura de San Francisco…” (Furiosa).
¡Angostura!

¡Jesús! Se les hace chica la calle para correr en automóvil y la agarran con una
que trabaja honradamente.

Señora Rosaura, ¡no nos pueden hacer eso!

(Tomando el diario). A ver, pase para acá. (Mira).

Esta es cosa de la política.

Así es que nosotras vamos a pagar el pato… ¡Por qué no hicieron más ancha la
Alameda!

(Afligida). Si no hallan qué discurrir…

Como que me llamo Rosaura San Martín, ¡ni una pulgada nos mueven de aquí!

Aquí dice “proyecto”. Y en proyecto se va a quedar. ¡Le hacemos la pelea, qué
diablos!

Así se habla, Tomasito. ¡No hay que dejarse atropellar! Estamos en un país
libre y tenemos derecho a “pataleo”.

Al puro pataleo no más. Pero de ahí no se pasa.

Pedimos ayuda, maestro. Yo conozco un gallo de la Federación de
Estudiantes.

Ay… (Suspira) ¿Esos jóvenes que salen a armar bolina? Son tan simpáticos. Yo conozco un periodista, señora Rosaura.

¡Nadie nos viene a atropellar! Si hay que pelear, ¡peleamos!

Acotación

Introducción de la canción, ritmo de cueca, con partes habladas.

CANCIÓN
La Revuelta

(Hablado). ¡Eso es, mi alma!

¡Nos fuimos, miércales!

Acotación

Cantando.

I

Rosaura

Qué les parece si vamos
a hablar con el Presidente.

Ramona

Yo me voy pa San Francisco
a invocar a San Vicente.

Charo

Conozco un ñato encachao
que es político influyente.

Rufino

¡Esos siempre están al sol
que resulta más caliente!

Coro

Nuestra Pérgola querida
la vamos a defender;
aunque nos cueste la vida,
no la podemos perder.
Aunque nos cueste la vida,
la vamos a defender.

Acotación

Hablado.

Ramona

¡Métele bolina, Santa Catalina!

Rosaura

Cuñas de carne y hueso, los palos gruesos.
Con el intendente.

Tomasito

Con los estudiantes.

Charo

Con los periodistas.

Rosaura

¡Con el Presidente!

Acotación

II

Rosaura

¡Yo me voy pa La Moneda
a gritar como una loca!

Ramona

Yo me quedo con mis santos
y con el credo en la boca.

Tomasito

Al primer demoledor
¡yo lo mato de un chopazo!

Charo

¡Llamen a los estudiantes!

Ramona

¡Dios nos guarde y San Pancracio!

Coro

Nuestra Pérgola querida…, etc.

Acotación

Salen al final de la canción las tres pergoleras, seguidas del Lustrabotas y otras floristas que tomaron parte en la cueca. Con fondo suave de música siguen los diálogos.

(A Tomasito). Benaiga con la Rosaurita…

A veces hablan “por las puras” no más.

¿Se acuerda que en vez pasa les dio con la “estuata” de ese patilludo que había en la Alameda? Que llévenlo pa’llá, que tráiganlo pa’cá, que póngalo en el cerro… Total: ahí está todavía el santo varón. Se lo llevan “cambea que cambea” no más, en vez de hacer algo de provecho. Ya está. ¡Mecabrié! (A Tomasito). Oiga, ¿me puede pasar un “papel” de a cinco? La inora me dejó “puro Chile”. (Tomasito le da dinero). Gracias, Tomasito. Agora vuelvo. (Sale)

Acotación

La Carmela sale de adentro del puesto. Tomasito se le acerca.

¿Conocía la capital?

Acotación

Se inicia suavemente la introducción de la canción de Tomasito “Campo Lindo” durante el diálogo.

No. No la conocía na. Oiga, ¡se portó bien caballero conmigo!

¡Chs! ¿Cree que iba a consentir que se la llevaran presa? ¡Estaba dispuesto a acriminarme con la “autoridad”!

¿De veras?

Claro, pues.

(Se mueve algo). Miren que es grande y bonito por aquí.

A mí poco me entusiasma la capital.

Lo que son las cosas: yo ya cortaba las huinchas por venir.

Bueno, parece que ahora me va a gustar. (La mira con intención).

(Pícara, para sí). Ese fue piropo. (A él). Miren, ¿no?

¿Así es que es del sur?

Me crié en la montaña con mi taita y fui a la escuela en San Rosendo.

También yo soy del sur. Pero después me entró el “cominillo” y recorrí todo
Chile: trabajé en el norte en las salitreras y anduve “marisqueando” en Chiloé.

Lo que es la curiosidad, ¿no?

Pero ahora tengo un campito en Limache y ahí me pienso radicar: vivo de la
agricultura.

Limache…, ¿eso es pa’l norte?

Le gustaría. Es bien asoleado.,No como para allá pa’l sur, que uno se llega a
amohosar con tanta lluvia.

Acotación

CANCIÓN
Campo Lindo

I

Tomasito

Tengo mi rancho en el cerro,
entre un sauce y un rosal.
Tengo mi perro el Fortuna
y mi caballo alazán.
Tengo un arroyo que canta
cuando me riega el trigal,
pero no estoy muy contento
pues no tengo a quién amar.

Coro

Campo bueno, campo bueno,
es mi tierra a trabajar.
Pero cuando tenga dueña
campo lindo lo voy a llamar. (Bis)

Acotación

II

Tomasito

Tengo en mi rancho del cerro
todo lo que es menester.
Tengo silencio en la noche
y trinos de amanecer.
Tengo la luna en mi puerta
cuando quiero platicar.
Pero no estoy muy contento
pues no tengo a quién amar.

Coro

Campo bueno, campo bueno,
es mi tierra a trabajar.
Pero cuando tenga dueña
campo lindo lo voy a llamar. (Bis)

Acotación

Cantan partes a dos voces y luego el estribillo final. Después de una pausa, Carmela se aleja algo y baja los ojos, pudorosa.

Ya lo sabe, entonces.

¿Qué cosa?

No tengo dueña. Así es que estoy pensando en casarme.

(Para sí). Esa fue indirecta… (A él).

Y situación.

Y situación.

Cuando la vi llegar a la Pérgola, ¡más deseos de casarme me entraron!

¡Huy! ¿Tan de repente?

Así soy yo. ¿Me acepta una “bilz”?

Rogada no soy, con el favor de Dios… (Va a salir con él y se detiene porque entra Rosaura).

¡Carmela!

(A la manera graciosa campesina). ¿Mande?

Ven para acá, niña. Hay que hacerle pelea al proyecto de demolición. (A él). Usted, Tomasito, podría ir a la Federación de Estudiantes. (El no se mueve). ¡Hasta lueguito! (Tomasito se aleja, molesto). Oye, Carmela, ¿ves esa ventana? Es la del taller del hijo del alcalde: es pintor y te quiere sacar retratada.

¡Ave María!

Y del alcalde depende la cosa. ¿Entendís? (Saliendo con ella). Esa es buena
cuña, pues…

Acotación

Pasa el paltero.

¡Las paltas, las tremendas paltas, pura mantequilla las paltas!

Acotación

Cae una cortina donde hay árboles pintados para la acera de la Alameda. Sería el mismo lugar enfocado desde otro ángulo. Entra doña Laura Larraín seguida de Clarita. El paltero se retira.

Escena 2

ESCENA 02: cuadro de transición

Adiós, Clara, pórtate bien. Si Carlucho te convida a salir en auto a Apoquindo…, ¡dile que no! (Sale Clara соn un beso de despedida a Laura. Entra Alcibíades. Lo llama con señas). ¡Yu-hu! ¡ Alcibía-des! (Lo saluda muy coqueta).

Laurita, ¡qué sorpresa! (Saluda cariñoso). ¡Feliz cumpleaños!

Ay, ni me lo diga. No me quiero acordar. Un año más, Alcibíades, ¿se da
cuenta? No deberían existir los cumpleaños.

¡Pero si está hecha un pimpollo! Cada día más buenamoza.

¿Usted encuentra? (Se arregla el pelo).

Parece de quince.

Exagerado. (Pausa). Sé que tengo algo sumamente importante que decirle,
¡pero no me puedo acordar qué! Me estoy poniendo tan distraída, Alcibíades, es un horror… (Piensa).

¿Recibió las rosas, Laurita?

¿Qué rosas?

Las que le mandé esta mañana.

¡Ay!, ¡un millón!…, pero no me han llegado.

¡Qué raro! Se las mandé no hace mucho de aquí de la Pérgola.

¡La Pérgola! Ya me acordé: eso era. ¿Cómo lo halla? ¿No le parece
indignante?

¿Qué cosa?

Ah, pero ¿no lo sabe? Es que no hay derecho: esas floristas están ahí
amotinadas frente al café “Ramis Clair”, influenciando a la gente,
boicoteando el proyecto de mi hijo… Y usted las conoce cómo son… Esta
mañana una de ellas me hizo chocar el auto contra un poste y se me fueron
todas encima. Alcibíades: me humillaron, se compraron al carabinero, ah,
no, ¡prefiero no acordarme! Deberían demolerlas, pero ¡de todas maneras!
¡Qué mujeres tan ordinarias!…

Laurita…

¡No me diga nada! Y ahora armar ese choclón ahí en la Alameda contra el proyecto del pobre Pimpín…, cuando el proyecto ¡es regio!

No se preocupe. Es natural que protesten: les quieren demoler su Pérgola. Pero eso no va a influenciar a la opinión pública, caramba.

Pero ¡lo más que hay! Viera el boche que tenían… Si son muy revolucionarias, son “bolcheviques”. Y lo peor es que Pimpín es tan fatal para sus cosas. ¡Capaz que no le resulte su proyecto, su primer proyecto de urbanista! (Mimosa). Alci…, ¿puedo contar con usted? ¡Como alcalde, quiero decir!

Por supuesto, Laurita, no faltaba más. (Le toma la mano).

Gracias. ¿Cuándo se decide el asunto en la Municipalidad?

El próximo lunes, en sesión extraordinaria.

¿El lunes? ¡Qué calvario esperar tanto! Dígame por lo menos que va a decir
que sí, ¿ah?

Y usted, Laurita, ¿me dirá que sí?

Alcibíades…, ¡esto es soborno!

Una viudita tan joven, tan linda… ¡Déjese sobornar! (Besa su mano).

(Mirando con temor). Ay…, en pleno centro, ¡Alameda con Estado! (Pasan dos muchachas; ella saluda con pudor).

¿Qué me contesta?

Modérese. En Santiago todo el mundo se conoce y son tan peladores… (Quiere retirar su mano).

No le suelto su manito hasta que me dé una respuesta.

Depende de la suya…, sobre el proyecto, quiero decir.

¿Cómo es eso?

Si usted me soborna a mí, yo lo soborno a usted…

Acotación

Se escucha la introducción de la próxima canción, que cantan a dúo. Hay una coreografía entre las estrofas, con ritmo de charleston, acompañándolos muchachas y luego los lustrabotas que entran.

CANCIÓN
Oiga usted…

Laura

Oiga usted, mi caballero enamorado,
cuando pida el sí a una dama como yo,
debe estar más bien un tanto preparado
a que ella ponga alguna condición.

Una dama santiaguina no se entrega
como quien del jardín toma una flor,
Sobre todo si esta dama ya ha tenido
su experiencia en las lides del amor.
Oiga usted, mi caballero enamorado.

(Coreografía, bailan)

Alcalde

Oiga usted, mi doña Laura idolatrada,
yo no quiero presionarla, por favor;
sólo quiero “aprisionarla” entre mis brazos
y que escuche canturrear mi corazón.

En amores el soborno es permitido
cuando el fin no es egoísmo sino amor.
Lo importante es que lo más pronto posible
muy juntitos desayunemos los dos.

(Coreografía)

Acotación

(Ambos repiten. Alternando y en coro) Oiga usted, (mi doña Laura idolatrada, mi caballero enamorado).

Termina el cuadro de transición con canción y coreografía.

Escena 3

ESCENA 03: en el taller de Carlucho

Pequeño taller con cuadros modernistas y una ventana que da a la Iglesia de San Francisco. Rosaura y Carmela suben por una escalera al altillo. Carmela corre curiosa a la ventana, mientras Rosaura mira algunos cuadros y da vuelta un desnudo contra la pared.

¡Jesús que se ve lindo desde aquí arriba, madrina!… Llegan a negriar los automóviles. Y eso que se divisa allá ¿no es el mentado cerro Santa Lucía? (Mirando en el cuarto). ¡Huy…, tantísimo mono! Y ésa… (Indica una figura). Paré que le dio un “aire”, ¡tan “chulleca”!

Ya, niña, no seas huasa. Siéntate. (Se sienta en un piso alto). Y, por tu vida,
¡ándate con cuidado! ¡Es tan picado de la araña este don Carlucho!

Oiga…, que no se entere el Tomasito, ¿ah?

¿Cómo es eso? ¿Crees que te saqué del campo para que te vengáis a enredar
con huasos brutos que manejan la mujer a palos? Supongo que no habrá nada
entre el Tomasito y tú.

Pura conversa no más. Oiga, ¿cómo mentó lo que vengo a hacer aquí?

A posar, niña. Te estás ahí, bien sosegá, para que te haga un retrato. Y como
que no quiere la cosa, de a poco le dejai caer que estamos tan afligidas por lo
que salió en el diario y que la cosa depende del alcalde. Le coqueteai su poco
para que le eche una habladita a su papá. Pero ¡no se te vaya a pasar la mano y
se te entusiasme!

No, madrina.

Ponle ñeque.

Sí, madrina.

Pero no mucho: no le vayas a consentir ni una cosa.

No, madrina. Usted sabe que soy harto chucara: a la primera le largo el
puntapié.

No, pues, a patadas tampoco. La cosa es, cómo te dijera…, “ni muy adentro que te quemes, ni muy afuera que te hieles”. Ahí viene. (Se oye el tema de la próxima canción. Se ve a Carlucho subir la escalera). Buenas tardes, don Carluchito. Le traje a la Carmela para que la saque retratada. Saluda niña. (Carmela baja del piso y luego de limpiarse la mano en su falda se la tiende con mucho avergonzarse y mirar hacia otro lado. Vuelve a encaramarse al piso. Rosaura, saliendo, dice): ¡Carmela!

¿Mande?

Lo que te dije. (Baja y sale de escena).

Acotación

Carlucho empieza a observar a Carmela desde distintos lugares, mientras prepara tela, o papel y carboncillo. Se inclina, la mira desde abajo. Ella, asustada, baja sus faldas, en el piso alto, y sigue con inquietud sus movimientos.

Carmela

(Para sí). Parece que se le perdió algo.

Carlucho

Estoy buscando el ángulo.

Carmela

Ya decía yo. (Carlucho, fingiendo darle una pose, la toca más de lo necesario). No, pues, no me venga con travesuras, don Carlucho, aprovechando que no me puedo mover.

Carlucho

¿Qué?… ¿No te puedes mover?

Carmela

¿Que no hay que ponerse tiesa para salir retratada?

Carlucho

No. Todavía no. El pintor tiene que estudiar, tiene que tomar contacto con la modelo. A ver, levántate. (Ella lo hace). Camina, apóyate aquí… Ya lo tengo: aire, cielo, flores silvestres… Ya: no te muevas. Imagínate que eres un girasol.

Carmela

¡Jesús que habla bonito! (Está tiesa, apoyada en él).

Carlucho

No: un girasol en actitud de entrega… (la hace inclinarse hacia atrás sobre su brazo), de abandono. ¿Cómo te llamas?

Carmela

(Balbucea, confundida por la pose). Ca-carmela.

Carlucho

Siempre con ella en pose hacia atrás). ¿Tienes novio?

Carmela

Bueno, que medio hablada me tienen. Pero nada formalizado.

Carlucho

(Dejándola). Manten la pose. (Preparándose para el trazado). ¡Te voy a inmortalizar!

Carmela

¡Jesús!, ¿qué será eso? (Carlucho pinta, silbando la melodía de la canción próxima). Oiga, ¿me va a tener así mucho rato? Mire que se me está viniendo “la muerta”. O sea, la parálisis de los miembros.

Carlucho

Descansa. (Da unas cuantas pinceladas).

Carmela

Con permiso. (Va a mirar la tela). Soy la tonta de curiosa. ¡Bah!, no se divisa nada todavía.

Carlucho

Estoy manchando. Poniendo atmósfera.

Carmela

¿Y se va a demorar mucho en aparecer la cara?

Carlucho

En el arte futurista, la cara no importa.

Carmela

(Para sí). Habla bonito, pero poco se le entiende.

Carlucho

Basta por hoy. Ahora necesito aire puro, un poco de contacto con la naturaleza.
Vamos a dar una vuelta en auto. En Apoquindo hay una caída de agua y una
puesta de sol…

Carmela

¡Qué voy a salir con usted! Yo, una pura huasa, y usted, un caballero tan artista.

Carlucho

(Se le acerca). El pintor necesita empaparse en lo primitivo…, palpar la materia prima… (Toma su mano). ¿Vamos?

Carmela

Es que mi madrina me…, me… (Él la toma en sus brazos).

Carlucho

¡Qué importa tu madrina!

Carmela

(Echándose hacia atrás, asustada). ¡Jesús, me está dentrando una calor!… ¿Me puedo sacar la chupalla ahora que no le estoy na “reposando”? (Quiere quitarse el sombrero, pero la cinta está anudada, no atina a deshacer el nudo). ¡Miércales! Que diga: me le hizo un nudo ciego.

Carlucho

Yo te ayudo. (Desata el nudo y la acaricia. Ella se queda inmóvil, paralizada. El la besa en los labios).

Carmela

¡Huy! ¡Esta sí que fue! Mejor que me vaya.

Carlucho

(Suave, la retiene). ¿Por qué? ¿No te gustó?

Carmela

¡Claro que me gustó! (Se cubre la boca, avergonzada). Es mejor que me vaya…

Carlucho

Vamos a salir en auto, te voy a llevar a Apoquindo.

Carmela

(Siempre en los brazos de Carlucho). Es que mi madrina, tantísimo que me recomendó que le hablara…, de la Pérgola… (Sacando con esfuerzo un recorte de diario de su regazo), que aquí en el diario…, sale que la van a demoler… (El vuelve a besarla en los labios. Ella permanece rígida).

Carlucho

En Apoquindo me cuentas. Voy a sacar el auto. (Sale)

Acotación

CANCIÓN
¿Qué será lo que me pasa?…

Carmela

¿Qué será lo que me pasa
estoy como hipnotiza?
Yo debiera correr lejos
y me quedo aquí para.
Tengo miedo de sus ojos
y me gusta su mirar;
tengo miedo a sus caricias
y me gusta su besar.
¡Qué será lo que me pasa,
estoy como hipnotiza!

Acotación

Se escucha, fuera, trozo de “Campo lindo” en la voz de Tomasito: “Pero cuando tenga dueña, ¡campo lindo lo quiero llamar!…”

Carmela

¡Qué será lo que me pasa,
estoy toa arrebola!
Tengo las manos helas
y la cara colora…
Es preciso que me calme
y que vuelva a la razón.
Si éste no es el que yo quiero,
pa qué brincas, corazón…
¡Qué será lo que me pasa,
estoy como hipnotiza!…

Acotación

Vuelve a escucharse el trozo de “Campo lindo”.

(Voz a lo lejos) ¡Carmelita!… ¡Te estoy esperando!

Acotación

Sigue la música.

¡Voy!

Acotación

Sale Carmela. Apagón.

Escena 4

ESCENA 04
La música, que ha continuado, se transforma en la introducción de la Pérgola mientras se retira el altillo del taller y pasamos a tercer cuadro, la Pérgola de noche Luces se van encendiendo. Las campanadas del reloj de la iglesia indican las nueve.
La Pérgola de noche.

Dos días más tarde. En los puestos están Charo, Rosaura y Rufino. Una de las floristas jóvenes.

Las nueve.

No le haga juicio a ese reloj: es “re-embustero”.

¿Y a qué horas irán a venir los caballeros estudiantes? El Tomasito hablo en la Federación y los dejó bien comprometidos.

Acotación

Entra la Ramona quitándose un velo, misal en mano, como de la iglesia.

¡Hablé con los curitas! Me recomendaron que pidiéramos así la cosa:
“Prórroga…, prórroga…” ¡Bah!, ¿cómo fue que lo mentó?

(Nerviosa). ¿Prórroga qué pues?…

¡Prórroga indefinida! Así quedan las cosas pa cuando la perdiz críe cola. De
esa manera hay que pedírselo al alcalde.

¿Y habló al fin la Carmelita con el hijo del alcalde?

Están “re-amigos”: la sacó a pasear en auto y la convidó a la kermesse del
domingo, para que vea. Ahí le va a presentar a su papá.

¡Quécaso le va a hacer el alcalde a la Carmela! Mire. Rosaurita, las cosas hay
que pedirlas de palo grueso a palo grueso. Al pobre ¡quien le va a hacer juicio!

Tienes razón. Rufino. Se me ocurre una idea: emperifollo bien a la Carmela, le
pido hora a la peluquería donde el franchute ese que mientan en la revista Zig-
Zag y la mando a la kermesse, de señorita, ¡”re-elegante”! ¡Para eso va con
don Carlucho!

(Soñadora). ¡Capaz que hasta matrimonio le proponga!

¿No se le hace pecado estar entusiasmando a la chiquilla con ese futre malo de
la cabeza?

Lo hace por salvar la Pérgola. ¡ Pongo mis manos al fuego por lo seria que es
la Carmela!

¡No se vaya a quemar no más!

¡Estése callada, mejor, mire que le dejo el hocico… como empanada! (Amenaza con la mano; se enfrentan como gallitos de pelea).

Ya, pues, no se peleen. ¡Con lo que cuesta unirse, Ave María!

Es que a la señora Ramona le gusta buscarle el cuesco a la breva.

Yo decía no más, porque como sabido es que don Carlucho… ¡Estáte calla,
Ramona, que no hay peor loca que la boca!

Oiga, estaba pensando, entre mí, ¿y si fuéramos nosotras a esa kermesse?

¡Jesús! ¿A bailar charleston?

Espere. No es mala la idea. ¿No es a beneficio de no sé qué huifa?

De las “Ollas Infantiles”, auspiciadas por el alcalde.

¡Las están dando, entonces! Vamos, y les llevamos flores para el beneficio.
Para que vean quiénes son las floristas de la Pérgola de San Francisco.

¡Eso es, mi alma!

Contra na se afana, mijita. Si se le ha puesto a un palo grueso demolernos, ¡nos
demuelen no más!

¡Bah!, ¿desde cuándo me “mijitea” usted?

Y para qué se hace…, si usted sabe que yo…, que usted…, ¡chs!…, ¿cómo es la
cuestión, entonces? Mire, tal como le estaba conversando a la señorita
charito…, ya, pues, no me pegue esa mirada tan fiera, que me corta la
inspiración…

(Burlándose). “Que yo, que usted, la cuestión…” ¡Cuándo será el día que empiece una frase y llegue hasta el punto aparte! (Se le acerca coqueta, mientras lo increpa). Ya, ya, no se me atraque… (Coqueteando, se le refriega). No se me atraque, le digo, mire que anda pasado a vino…

(Se retira). ¡Ya ofendió, ya! Bueno con el roto pa fatal. (Rosaura se aleja. El va a un rincón, le dice a la Charo). La Rosaura me “desprecea” porque
dice que bebo en “e-sexo”. Y ¿sabe porqué bebo en “e-sexo”? Por eso mismo: porque la Rosaurita me “desprecea”. ¡Miren que iba a tomar por las puras!…

Acotación

Entran el urbanista Valenzuela y su ayudante Fuenzalida.

Fuenzalida, ¡proceda! (Lleva planos enrollados; indica con ellos).

Cuatro metros, aquí, jefe. (Mide con una huincha).

Tomo nota. (Las pergoleras los miran con extrañeza).

Y esos tiuques ¿qué andan haciendo?

A lo mejor son los estudiantes.

Andan payaseando.

Dos metros a la derecha, jefe.

Tomo nota.

(A ellos). Oiga, ¿son los caballeros estudiantes?

¿Van a desfilar?

¿Qué dicen ésas, Fuenzalida?

Si somos de los estudiantes, jefe.

No capto. ¿Capta usted, Fuenzalida? (El niega). Prosiga.

Parecen gringos: bien rara el habla.

A mí esto me da mala espina. (Al urbanista). Oiga, ¿qué está haciendo?

Tomo medidas. ¿Me permite? (Intenta seguir).

(Se le pone delante). ¿Que va a comprar la calle, o la va a vender por metros?

Ni lo uno ni lo otro: la voy a ensanchar.

¿Ah, sí? (A las otras). “Ojo”. (A él). ¿Y por qué la va a ensanchar?

Porque adolece de una angostura.

¿Angostura? Ya está, ¡nos fregamos!

¿Y con qué autorización?

Con la debida autorización de la Ilustre Municipalidad. Y les ruego despejar,
porque entorpecen. Prosiga, Fuenzalida.

(Sujetando cómicamente a Fuenzalida con la huincha de medir).
¡Espérese, Fuenzalida! (Al urbanista). Miren que va a tener autorización: ¡a esta hora no se trabaja!

(Ridículamente, alzando un dedo). ¡La Ilustre Municipalidad prefiere que se realicen de noche los trabajos nocturnos para no entorpecer el intenso tránsito diurno durante el día!

Cállese, Fuenzalida. (Lo aparta. Al urbanista). ¿Y quién es usted para venir a ensancharnos la calle? ¿Ah?

Acotación

Primeros acordes de la canción del urbanista.

¿Quién soy?

Acotación

(Responden las tres pergoleras) ¿Quién es?

CANCIÓN
Yo soy el urbanista Valenzuela

Urbanista

Yo soy el urbanista Valenzuela,
quien debe solucionar
el más fundamental de los problemas
que es el de transitar.
Si alguna calle angosta,
llena de hoyos y sin farol está,
yo me presento, hago mis planes
y antes que usted diga ¿cómo hará?,
¡tapo los hoyos, prendo las luces,
corro las veredas para allá!

Coro floristas

El es el urbanista Valenzuela,
quien debe solucionar
el más fundamental de los problemas
¡que es el de MOLESTAR!
Si alguna calle angosta,
llena de hoyos y sin farol está,
él se presenta, hace sus planes…,
¡y se va a la casa a descansar!
¿Tapa los hoyos? ¡Ja!
¿Prende las luces? ¡Ja-ja!
¡Deja las veredas como están!

Urbanista

Yo soy el urbanista Valenzuela,
mi lema es hermosear
desde el camino de Los Pajaritos
hasta el funicular.
Pero hay una angostura en San Francisco
que ya no puede estar.
¿Boto la iglesia? ¿Rompo las flores?
¿Llevo San Antonio hasta el portal?
¿Construyo un túnel? ¿Levanto un puente?
¡O si no me van a renunciar!

Coro floristas

El es el urbanista Valenzuela,
su lema es hermosear
algunas de esas que andan por la noche
en el Parque Forestal.

Pero hay una angostura en San Francisco

El es… el urbanista Valenzuela,

Yo soy… el urbanista Valenzuela, ¡orgullo municipal!

Acotación

Fin de la canción

Fuenzalida, ¡prosiga!

A sus órdenes, jefe. Aquí hay tres… (Van saliendo ambos).

Déjelos que pierdan el tiempo: de aquí no nos mueven ni con la fuerza pública.
(Se van retirando a sus puestos de flores).

Lo hace para puro provocar. (Se oye trozo de música de la canción de Carmela: “¿Qué será?…”).

Acotación

Entra Carmela muy contenta. Tomasito ha llegado por el otro lado.

Miren…, la Carmelita. ¿Cómo le fue?

“Re-bonito”, maestro. Don Carlucho me llevó al cerro San Cristóbal. Oiga, ¡se ve todo Santiago…, y tantas luces! ¡Jesús!, no creí que era tan grande la capital. (Ve a Tomasito). Buenas noches, Tomasito. (El se le acerca).

Buenas noches. Oiga, Carmelita, quería convidarla para el domingo. La puedo
llevar a la Quinta Normal, o al Parque Cousiño, para que siga conociendo.

¿El domingo? ¡Lástima, Tomasito, lo siento harto! Pero estoy invitada a la
kermesse del Club Hípico.

¿A la kermesse del alcalde? (La mira con enojo).

Claro. Me va a llevar don Carlucho para presentarme a su papá. Mi madrina
quiere que le hable de la Pérgola.

¡Y porqué no le habla ella! No vaya, Carmelita. Ese gallo no tiene buenas
intenciones. Y ése no es lugar para usted.

Ese es asunto mío.

(Perturbado). Asunto mío, Carmelita, siendo cosa de usted… Oiga, si es por salir en auto, ¡ahí tengo mi cacharro! (Pausa). Carmelita, ¿no se acuerda de lo que teníamos hablado? Yo…, yo la quiero para bien. (Pausa). ¡Cómo no me va a dar rabia que ese embustero la ande empalicando y…! ¡No digo ni una cosa, mejor! (Le vuelve la espalda)

No se haga mala sangre, Tomasito. Total: otro día salgo con usted. (Ve venir a unos muchachos). ¡Los estudiantes!

Acotación

Se oyen los vivas y el alboroto de los estudiantes. Entran las tres floristas muy alborotadas también. Luego se va agregando gente curiosa, paltero, lustrabotas, las Rioseco, etc.

¡Ahí vienen!

Parece que van a decir un discurso.

Ojalá venga ese que yo conozco…

Acotación

Voces de los estudiantes: ”¡Viva la Pérgola de San Francisco! No permitiremos que la demuelan…, porque la Pérgola…”

CANCIÓN
Los estudiantes

Coro floristas

¡Es castiza, es hermosa,
es poética y también original!
Es castiza, pintoresca,
¡se declara monumento nacional!

Coro

¡VIVA LA PÉRGOLA!

Estudiantes

Compañeros, ciudadanos,
protestamos con furor
contra aquellos malhechores
que amenazan de esta plaza
su total demolición.

Estudiante 1

Todos los aquí firmantes
han querido protestar
en un gesto que los honra
y teniendo aquí sus nombres
los procedo a enumerar:

Estudiante 2

(Hablando). ¡Secretario…, enumere!

Estudiante 3

(Lee). -Don Eugenio Pereira, por los defensores de la cultura. (Todos avivan, junto con la coreografía, banderines, etc.).
-Rafael Frontaura y Alejandro Flores, por los actores… (Vivas).
-Don Juan Francisco González, por los pintores.
-Y desde el exilio, el ilustre político don Arturo Alessandri Palma.
¡Viva Chile mi alma! (Coro).

Coro

(Con coreografía).
-El sindicato de peluqueros.
-Los trabajadores del fisco.
-Los universitarios, altos personeros.
¡Todo Chile entero!
Porque la Pérgola…

Estudiantes

(Cantando) ¡Es castiza, es hermosa, es poética y también original! Es castiza, pintoresca, ¡se declara monumento nacional!

Estudiante 1

(Habla). Al turista que se embarca para Chile visitar díganos, sinceramente, si tenemos en Santiago algo que poder mostrar.

Estudiante 2

Los violentos terremotos, ¡oh flagelo nacional!, arrasaron poco a poco con las
casas del pasado en su estilo colonial.

Muchacha

¿Hay derecho, señores, para demoler la Pérgola?

Coro

(Cantando). ¡No! No hay derecho. Porque la Pérgola… Es castiza, es hermosa…, ¡se declara monumento nacional!

Acotación

Se interrumpe la música, se oye el tema del urbanista. Aparecen él y su ayudante.

Coro

-¡Ahí está el culpable!
-¡El urbanista Valenzuela!
-¡Al agua con él…, a la pila!

Acotación

Entre varios lo levantan en vilo y termina esta coreografía con ellos sumergiendo al urbanista en la pila, al fondo, mientras se termina con música, y con la pasada de Facundo, el carabinero, en diagonal.)

Intermedio

Escena 5

ESCENA 05: la peluquería de Pierre

El salón de Pierre, con mucha elegancia, estilo de aquella época. Dos cortinitas ocultan dos grandes secadores de pelo. Sillas, adornos, etc. En escena, Pierre y sus tres ayudantes mujeres.

CANCIÓN
Je suis Pierre

Pierre

(Acudiendo a distintos lugares). Madame… Madame… Madame!

Escena 5

Acotación

Breve coreografía de Pierre y sus ayudantas

Pierre

Je suis Pierre, le peluquier
plus connu de la ciudad.
Si una dama está de fiesta
o tiene cita de amor,
recurre a mí
para ser siempre triunfador.

Ayudantas

(Voces agudas desde el interior de la peluquería) “¡Pieerre!” “¡Pierre!” “¡Pierre!”

Pierre

Je suis Pierre, le peluquier
plus connu de la ciudad.
A una niña más horrible que un erizo
la transformo en un instante
en una mujer fatal.

Ayudantas

(Voces agudas desde el interior de la peluquería) “¡Pieerre!” “¡Pierre!” “¡Pierre!”

Escena 5

Pierre

¡Je suis Pierre, le peluquier
soy el rey de la ciudad!

Acotación

Fin de la canción. Entra Laura, seguida de Clarita.

¡Pierre!

(Acude y besa su mano). ¿Madame?

Necesito que me quite diez años de encima.

Escena 5

Oh…, ¡imposible!

¿Cómo?

(Corrigiéndose).Con diez años menos, madame, queda convertida en bebé. (La invita a sentarse).

¡Ah! Vous me flattez… Lo que es la galantería francesa. Uno pierde la costumbre con lo desabridos que son los hombres en Chile. Hágame toda clase de tratamientos de beauté, Pierre. Mañana domingo vamos a la kermesse del Club Hípico.

(A Clara, pasándole una revista). Mademoiselle quiere un peinado coup- de-vent, a la garçon, cran, demi-cran… Ah, aquí hay uno charmant, délicieux, especial para jovencitas.

Escena 5

(Mirando). Soñado, Pierre. ¿No me lo podría hacer a mí?

Tía, ¡te vas a ver tan aniñada!

No seas ridícula. Para estas mocosas, uno a los…, treinta es una vieja eterna. (Las ayudantas le aplican algodones en el rostro). ¿Qué es eso?

Ya sea el bigote o pelos en la nariz, “Porlax” en polvo elimina de raíz.

(A Clara). No te creo. ¿Me está saliendo bigote?

Escena 5

Atroz…

Madame, nuestro sistema es prevenir, siempre “prevenir”.

Ah, porque ¡no es por alabarme!, pero jamás me ha salido un vello en la cara.

¡Las pinzas!

(Incómoda) ¿Cómo?

Escena 5

(Burlón, con doble intención). ¡Las pinzas, señoritas! (Estira su mano; le pasan unas pinzas). S’il vous plaît, madame… (Empieza a depilarle las cejas).

¡Ay!…, ¡ay!

Pardon, pero hay que souffrir pour être belle, madame.

¡Ay!, “souffrir pour être belle”… (Grito). ¡Ay!… Todo resulta más hermoso, más elegante, ¡ay!, dicho en francés. ¡Ay! Clara, escucha para que practiques…
(Gritos). ¡Ay, ay…, aaay!

Tía, pareces loca.

Escena 5

La última, madame. (Depila; ella grita) ¡Parfait!

Sí, “parfait”. Y tú, Clara, arréglate para la kermesse. ¿No te convidó
Carlucho?

Sí, pero le dije que no podía ir.

Pero ¡qué niñita tan apática! ¿Así quieres retener a tu pololo?

Encuentro una lata las kermesses.

Escena 5

Ah, pero vas a venir de todas maneras. Tienes que hablarle al alcalde del
proyecto de Pimpín. Yo, Pierre, no me voy a quedar tranquila hasta que
demuelan a esas floristas de la Pérgola. No sabe la rotería que le hicieron a
mi hijo Pimpín. Imagínese, Pierre, que lo zambulleron en la pila, ¡me lo
zambulleron! ¿Cómo lo halla?

Mais, quels sauvages, madame.

“Sauvages”, completamente “sauvages”. Yo las clausuro, las demuelo.
¡Hacerme eso a mí, a Laura Larraín de Valenzuela!

Tía Lala, ¡ya vas a empezar otra vez con esa fomedad de la Pérgola!

No seas egoísta, es tu primo. Dios sabe lo que he luchado por sacar
adelante a ese niño.

Escena 5

Lo tiene “raro” de tanto ayudarlo.

¡Hazme el favor! ¿Qué tiene de raro Pimpín? (Se le han acercado las ayudantas con unos tubos de masaje facial). ¿Y esos aparatitos tan amor? ¡Qué plumería!

Combaten la papada, el cuello rugoso, párpados pesados, bolsas en los ojos.

(Humillada). ¿Cuello rugoso? (Se mira en un espejo). ¿Bolsas en los ojos? Pierre, ¡estas niñitas me están insultando!

No, madame, prevenir, solamente prevenir.

Escena 5

¡Mm! Prevenir. Sí. (Sin convencerse). Como le estaba diciendo, Pierre… (Pierre ha iniciado unos masajes de golpecitos bajo la barbilla que la hacen reír y hablar tartamudeando). ¡Qué cosquillas!… ¿Qué le decía? Ah, le hablaba de Pimpín… ¡Qué niño!… (Se muere de risa). No sé a quién salió tan… (Risas) tan corto… (Risas. Le quita las manos a Pierre y termina). ¡De genio! Que si uno no lo empuja… (Risas).

Ay, tía Lala, no te creo, ¡pareces loca!

¿Otra vez? (La mira seria). ¿Qué quieres que le haga, si esto da cosquillas?

Qué atroz, yo me voy. (Se levanta).

¡Clara! (Ella se sienta. A una ayudanta que se le acerca). No, la pedicure no. No es por alabarme, pero los pies ¡los tengo perfectos! (Se saca un zapato y alza el pie).

Escena 5

¡Tía! Por regios que los tengas no los andes exhibiendo. Te juro que no salgo más contigo.

Eres insoportable. (A Pierre). ¿Qué peinado me recomienda?

Una cabeza a lo Clara Bow, especial para el tipo de madame.

(Ya de pie para salir). Vous me flattez, Pierre. (Codea a Clara) ¿Oíste? No es el primero que me encuentra un parecido con Clara Bow…

Y ahora pasemos al salón de peinados al fierro… (Invita).

Escena 5

(Saliendo). Clara Bow, ¡qué mujer!, una fiera… ¡devoradora de hombres!

Oui, madame… (Salen ellas dos y Pierre).

Acotación

Las ayudantas corren las cortinitas del fondo y dejan al descubierto a las dos “flappers”, Cora y Luchi, en los secadores de pelo, que se hablan a gritos sin oír lo que dicen, por los oídos cubiertos. Cuando corren las cortinitas, las dos amigas se descubren

¿Luchi? Yu-hu…

¿Cora? No te lo puedo creer.

Escena 5

¡Fui al biógrafo!

¿Qué?

¡Biógrafo! Y vi una película de Greta Garbo. ¡Fíjate que no encuentro que
“tenga nada”!

¿Las medias Kaiser te salieron quemadas? ¡Qué atroz!

¡Ah!, y estoy pololeando con Pimpín Valenzuela: ¡no sé qué hacer para que se
despercuda!

Escena 5

¿Sale desnuda? ¡Qué espanto!

Acotación

Siguen gritándose sus nombres. Y “qué atroz” y “¡cerraron, linda!” Mientras las ayudantas cierran las cortinitas. Entran las tres floristas y la Carmela, a la que llevan casi a la rastra. Carmela, asustada, parece un animalito llevado a la fuerza al corral.

(A las otras). Ya, devuélvanse ustedes. Miren que venir todas cuando le pedí hora a la pura Carmela. (Se oyen gritos de dolor y cruza una ayudanta con un fierro de los que se calientan para ondular). ¡Entra, niña, no seas huasa!

(Aterrada, indicándolo). ¡Qué me irán a hacer, madrina!

Yo nunca había estado en un salón de peinados. ¿Costará muy caro
encachirularse?

Escena 5

Acotación

Carmela intenta salir. Rosaura la retiene.

¿Y si duele, madrina?

Aguantas. ¿No estabas tan entusiasmada con la kermesse?

Ahora se me hace… que no me voy a “hallar” en esa fiesta.

No, pues, no te vengas a echar para atrás, mira’ que de ti depende la cosa. En la
Municipalidad están que ladran.

Escena 5

Es que también se les pasó la mano con el pobre caballero urbanista.

¡Ahí viene el “musiú”! (Entra Pierre).

(Tendiéndole su mano, que él toma con aprensión). Musiú Pierre, aquí le traigo a mi sobrina. Saluda, niña. (Carmela estira su mano y sacude la de Pierre, mientras mira hacia otro lado). Y no repare en gastos, que para eso (toma su cartera y golpea con ella), aquí hay. Pero ¡no me vaya a sacar la pepa del alma tampoco! (Por Carmela). Mírela. ¿No encuentra que la chiquilla tiene buen material?

¡Hm! Oui, oui, hay posibilidades. (Le pasan las tijeras. Sientan a Carmela, que sigue aterrada). Habría que modernizar un poco. (Carmela quiere escapar. Las ayudantas la retienen).

¡Carmela! (A Pierre). Modernice no más.

Escena 5

Acotación

Pierre con las ayudantas le cortan una de las trenzas; ella grita, tomando la otra en sus manos.

¡No! Esta no. (Se la cortan. Llorosa). ¡Ay!… ¡Tantísimo que le gustaban a mi taitita! (Las ayudantas la cubren con un delantal-babero, que le deja dentro los brazos).

¡Ya está! ¡Por tonta le pusieron la camisa de fuerza!

(A Carmela, que se mueve desesperada). Sosiégate, niña.

Acotación

Las ayudantas colocan sobre ella un aparato con cordones para la permanente, un aparato eléctrico. Carmela mira espantada.

Escena 5

¡Ay, madrina!… ¡Ave María!

(Indicando el aparato). Una permanente a lo Clara Bow, especial para el tipo de mademoiselle.

¡Madrina! ¿No va a. consentir que me electrocuten? (Se debate mientras las ayudantas le colocan algo en el pelo). Merece venir un temblor y yo aquí, ¡crucifica! (Tratando de salir de la silla, retenida por las ayudantas). ¡Chupalla! ¡Sáquenme de aquí!

(A Pierre, que mira despectivo). Discúlpela, musiú. No tiene costumbre… (Pierre se retira; salen las ayudantas).

Buen dar con la que armaste, niña.

Escena 5

Tenis que aguantar, Carmela. Si no ¿cómo vas a pasar por señorita
“fruncida”? Ah, y adviértele a don Carluchito que te presente al alcalde como
niña de la sociedad. Le sacái el sí “a lo rico”.

Capaz que me agarre fastidio con tantísima “dexigencia”.

Para eso anda “re-entusiamado” contigo. Y nada de aceptarle convite a los
Apoquindos esos. Y si se te pone muy cargoso, le decís que “con formalidad, o
nada”.

¿Y si me dice que “nada”?

No, niña, si a los hombres mientras más les “dexige” una, más se encaprichan
con una.

Escena 5

Esa es ley sabida.

(Dulce). Yo ¿que no tenga carácter para “dexigirles”?

Es que usted es medio mala de la cabeza. (A Carmela). A los hombres, mijita, son las tontas “rogadas” las que les gustan.

(A Carmela).

A los hombres, mijita,
son las tontas “rogadas” las que les gustan.

¡Me le hace que la voy a embarrar!

No se apoque, mijita, para eso va a ir bien elegante.

Pero en cuanto abra la boca me le va a notar lo huasa.

¡No la abrís, pues!

Miren… ¿Y cómo le hago el pedido al alcalde?

Escena 5

Deje que le hable don Carlucho y usted le mete sus comentarios pocos, no
más.

¡Qué tanta bulla! Con que aprendái unas cuantas palabras te va a resultar. No
es tan difícil hablar en “fruncido”.

¿Y si la embarro, madrina?

Vos que la embarrai y yo que te fleto pa San Rosendo. Pon atención,
chiquilla…

Acotación

Empieza la música

Escena 5

CANCIÓN
Para ser una gran dama

Rosaura

Te voy a decir, Carmela,
cómo te debes portar
para ser una gran dama
sin tener mucho que hablar.
Ponís cara de aburrida,
un ojo a medio cerrar
y la boca mesmamente
que si fuerai a silbar.

Carmela

Ay…, como es sencillito,
ay, hablar en bonito.
¡Y yo voy a aprender!

Rosaura

Con cuatro palabras locas
que vos tenis que saber imitas a tu madrina
y veris lo que vai a hacer:
Pa las niñas de hoy en día
todo es “regio” o “colosal”.
Si no te gusta, “cargante”,
y si te gusta, “brutal”.

Carmela

Ay…, como es sencillito,
ay, hablar en bonito.
¡Y yo voy a aprender!

Escena 5

Rosaura

Si algún jutre santiaguino
te dice “¿usted no es de acá?”,
contestas “vengo llegando
del fundo de mi apa”.
Tenis que comer bien poco,
a nadien tratar de usted
y decirle a tus amigas
“¡mi linda…, rico tu té!”

Carmela

Ay…, como es sencillito,
ay, hablar en bonito.
¡Y yo voy a aprender!

Acotación

La canción tiene una coreografía de las tres floristas, y al final, antes de una repetición, se consultan en diálogo.

Pon atención, chiquilla: ¿Le gusta Santiago?

¡Regio!

Escena 5

¿Quiere bailar?

¡Colosal!

¿Como me encuentra?

¡Cargante!

¿Como se siente?

Escena 5

¡Brutal!

Acotación

Baile de las tres ridiculizando a las damas de sociedad. Salen. Apagón.

Escena 6

Escena 06: La kermesse

Parte delantera del decorado, la kermesse en el Club Hípico. Entran las floristas con coronas y letreros en ellas; las acompaña Tomasito. El mozo Ruperto. Antes que entren las floristas, está Laura con Clarita, y Ruperto, que ella llama. Ruperto canta en italiano: “Mama…”, etc.

¡Ruperto!

Mama… ¿Siñora?

¿Trajeron los barquillos para los helados?

Sí, siñora. (Se mueve en el puesto con un pasito de baile).

(A Clara). ¿Dónde está Carlucho?

“Te-idea”.

¿No ibas a venir con él a la kermesse?

No, tía Lala, él no te-idea que vine: le tengo la sorpresa.

¡Ruperto! (Saltito de Ruperto). ¡Los dulces de San Estanislao al Stand del fondo! Clara, tú podrías vender en ese stand.

¿Vender? Qué atroz: te-idea de vender.

Aprenda, niñita. Haga algo útil. (Van saliendo ambas. Entran las floristas y Tomasito.)

Aquí parece que es.

¡Ave María que es grande!…

¿Así es que aquí es donde corren los caballos?

No, señora Ramona: éstos son los salones del Club Hípico. (Ve a Ruperto,
que entra). Oiga, aquí traemos unas flores para la kermesse.

¡Déjelas ahí, siñora!

No, pues: tenimos que entregarlas nosotras.

¡No tengo órdenes!

Cómo va a tener órdenes si es un regalo que le traemos al alcalde para el beneficio. (Le enseña la cinta con letras).

(Lee). “VIVA EL ALCALDE”, ¡ah, qué bello!… (Pasan ellas). Ma…, ma… (Se han abierto cortinas al fondo y se ven los salones. Al fondo están las hermanas Rioseco. Se les une el regidor Gutiérrez.)

¡Jesús las viejas escotadas!…

Ma ¿quién manda las flores?

¡Gentileza de la Pérgola de San Francisco! (Salen).

La Pérgola de San Francisco! Ya no se habla de otra cosa. (Las dos hermanas le hablan al regidor y él trata inútilmente de contestar; ellas no lo dejan.)

Están insoportables con eso de que las demuelen, que no las demuelen…

¿Y usted qué opina, regidor? (El hace el intento de hablar).

¡Ay, que las demuelan! Que demuelan todo Santiago y lo hagan de nuevo: es
tan sucio, tan feo…, tan desparramado.

Acotación

Entran las “flappers” Luchi y Cora, hablando.

¡Qué “julepe”! ¿Irá a venir?

¿Quién?

Mi veneno: Pimpín Valenzuela. ¡Arranca! ¡Las Rioseco!

¡Qué atroz!… (Dan media vuelta, pero las llaman).

¡Corita! (A su hermana). Es la niñita de la Choca Vial. (Se saludan). ¿Cómo está, mi hijita?

Có-le-va, misia Rebe, misia Lucía.

A estas niñitas yo las he visto en alguna parte…

Nos conocimos en “Zapa”, misia Lucía.

¡Qué regio, qué brutal es el veraneo en Zapallar!

Dicen que esa playa tiene “tinca” para los pololeos.

Sí, misia Rebe. (A Luchi). Si hasta la Mary Escobar “ligó”.

¡No te puedo creer! ¿Con quién?

Con el barquillero. Como estaba en traje de baño, no se dio cuenta de que era
él…

¡Qué plancha! Pobre Mary…

Acotación

Ahora entra Laura con una bandeja con jaleas en la mano, en alto, seguida de Clara. Se detiene en seco al ver a las Rioseco.

¡Las Rioseco…, qué lata: cuarta fiesta en que me las topo! ¡Qué atacante! (Les sonríe de lejos). ¡Ruperto!

(Se presenta con su pasito de baile). ¡Siñora!

¿No han traído las jaleas? (Ruperto intenta indicarle que las tiene ella; no le da tiempo). Vaya inmediatamente a…

Voy, siñora…

No, espérese…

Non voy.

Llame a Alcibíades…

Llamo… (pasitos)

No. (A Clara) ¿Dónde está Alcibíades?

Te-idea.

“Te-idea, te-idea”… ¡Avívate, angelito! Ruperto, quédese aquí, para que me
avise que llegó el alcalde… (Va a salir).

¡Llegó el alcalde!

¡Qué mozo tan inútil! Lo que le quiero decir es que cuando llegue Alcibí… (Ve que el alcalde, en efecto, ha llegado y viene hacia ella; distraída, le pasa la bandeja con las jaleas, que el alcalde recibe sorprendido y sostiene en alto). Alcibíades…, ¡estoy como loca con esta kermesse! (Ve al regidor). Regidor, có-le-va. (Al verle su rostro recuerda y dice a Ruperto) ¡Los pavos! Ruperto… No sé por qué lo vi, regidor, y me acordé de los pavos… (Se da cuenta de que tiene una terrible cara de “pavo”. Va hacia adelante y dice a Clara). Qué plancha, parece que le dije una pesa- dez… (Ve las jaleas en manos del alcalde). Ay, Alcibíades, qué amor, ¡me trajo las jaleas! Estaba desesperada… (Se las da a Ruperto). Las jaleas, Ruperto. (Sale Ruperto con las jaleas).

Laurita, tenemos un asunto pendiente, usted y yo.

(Coqueta). Ah, sí. Pero mañana lunes, después del fallo en la Municipalidad. (Al regidor). Alcibíades me prometió votar a favor del proyecto de ensanche de la Alameda…

¡Es un gran proyecto!

Acotación

En ese momento entran el Urbanista y su Ayudante. El Urbanista viene con un ridículo disfraz de “Angelito”, y Fuenzalida de pirata, con un catalejo y parche en el ojo. Se detienen desconcertados al ver a los demás.

¡Pimpín! (Se queda espantada al verlo).

¿De angelito?

No te puedo creer…

Pero ¡qué niño tan fatal!

¿Nadie más se disfrazó? No capto. ¿Capta usted, Fuenzalida?

No, jefe, pero es evidente que hubo un error, de un lado u otro lado, en esta
fiesta.

¡Niño! ¡El baile de disfraces es el próximo domingo! Anda a quitarte esa ridiculez… Dios mío, me vino a estropear la kermesse… ¡Qué voy a hacer!… (Han salido todos, menos el Regidor, siguiendo a Pimpín, que se agacha para esconder sus piernas peludas bajo la falda corta de angelito). Regidor… (Suplica, para disimular) ¿Charleston?

Acotación

Música de Charleston. Coreografía, empezando con Laura y el Regidor, para luego reunírseles los invitados a la kermesse.

(Al finalizar el baile, dice fuera de aliento). Los que tengan número… para la rifa de… la vitrola… ortofónica…, ¡sírvanse pasar al salón! (Sale y la siguen todos.)

(Mirando). Mira qué mona… ¿No es la Teté Irarrázabal?

No, niña. ¡La Teté está eterna de vieja!

Acotación

Entra Carmela muy elegante, pelo corto y permanente, collar largo, caminando entre sofisticaday con dificultad por los tacones altos, jugando sus dedos con el collar. La sigue Carlucho.

¡Estás sensacional, Carmelita! La Pola Negri es una alpargata a tu lado. ¿Qué te pasa? (Alude a sus pasitos inciertos).

Poco me hallo con estos tacos. Oiga…, ¡ahí viene su papá!

Espérate. (Se acerca con ella donde el Alcalde y el Regidor). Oye, viejo, te presento a una amiga, la Carmelita… San Martín.

(Tiende una mano por arriba con un) “Yu-hu”.

(Se la da arriba, reteniendo su risa). Mucho gusto, señorita. (Presentando). El regidor Gutiérrez. (Id. gesto de Carmela). San Martín… San Martín, me suena ese nombre.

El general San Martín, papá. Tiene fundo en San Rosendo.

Por supuesto; he oído hablar mucho de su papá. (Le sirve una copa de champagne que toma de la bandeja que pasa Ruperto). Sírvase, señorita.

Oye, viejo, parece que hay un famoso proyecto de ensanche de la Alameda,
demoliendo la Pérgola de San Francisco…

(Sofisticada, con una patadita). Cargante, ¿no?

Y la Carmelita, es decir, su familia, protege a las floristas. (La mira conteniendo su risa).

Nos da “no-sé-qué”. Hallamos un crimen esa demolición.

El asunto es que ella quiere saber si vas a votar en contra de ese proyecto,
papá.

Sería “picho-caluga”.

(También disimulando su risa). Pero por supuesto, no faltaba más, si usted me lo pide, señorita.

¿Qué te parece, Carmela?

(Que olvida su compostura). Me pare… (Recuerda), “colo-mundial”.

(El Alcalde y el Regidor se quedan; él sale con ella). Entonces, vamos a celebrarlo…

¿Le dijo usted que sí?

Mire, regidor, al alcalde todo el día le piden cosas, le ruegan, le solicitan, lo asedian. Si usted ocupa un cargo público y no desea una vejez prematura, haga como yo…, haga como yo… (Se inicia la música de su canción; acude
Ruperto y luego invitados que hacen comparsa para coro y bailecito.)

Acotación

CANCIÓN
Yo digo siempre si

Alcalde

Si alguien me propone alguna cosa,
yo le digo siempre sí;
si alguien me propone algún negocio,
yo le digo siempre sí.
En toda mi vida y experiencia
yo no digo no jamás;
pero cuando quedo solo,
hago lo que me conviene más.

Coro

En política y amores
decir NO es barbaridad,
qué barbaridad, qué barbaridad;
el SI es tanto más bonito
y tiene elasticidad.

Alcalde

Cuando un radical me pide apoyo
no le digo nunca no, cuando un liberal me pide votos
no le digo nunca no, a los candidatos pelucones
siempre les digo que sí;
pero cuando quedo solo
hago lo que me conviene a mí.

Coro

En política y amores.., etc.

Alcalde

Cuando muchachito a mis pololas
siempre les decía SI;
luego de casado a mi señora
siempre le decía SI.
A la viuda que ahora quiero
no podría decir NO jamás;
pero cuando quedo solo,
hago lo que a mí me gusta más.

En política y amores.., etc.

Acotación

(Repite con el coro la última parte).

(Que pasa con sus bandejas, y Clara). ¿Qué quiere decir con eso de que “el sí tiene elasticidad”, Alcibíades?

Este…, el regidor Gutiérrez y yo comentábamos…

(Viniendo en su auxilio). Comentábamos la falta de responsabilidad de algunos políticos, que a todo dicen que sí, y luego hacen lo que les conviene más.

Pero usted, Alcibíades, supongo que cuando dice sí…

Pero ¡no faltaba más!

En el Partido Radical tenemos por norma…

Por favor, regidor, no se me ponga latero con la política. ¡Los huevos chimbos! Un buffet sin huevos chimbos, ¡con lo peladoras que son las Rioseco! (Sale seguida de Clara y del Alcalde y el Regidor. Los demás se retiran o se han retirado, al finalizar la canción.)

Acotación

Entra Carmela seguida de Carlucho; este viene hablando.

Pero, Carmelita, ya cumplí con lo que me pediste; le hablé a mi papá de la
Pérgola y nos dijo que sí…

(Yendo a sentarse adelante, y sacándose los zapatos para descansar sus pies, con alivio). Y le estoy harto agradecida.

Esta kermesse es una lata, para qué nos vamos a quedar. ¿Vamos a
Apoquindo? No te hagas de rogar.

Así soy yo: la tonta de rogada.

Entonces, ¿no te gusta salir conmigo?

(Para sí). Aquí le mando el chancacazo. (A él). Le voy a ser bien franca: conmigo la cosa es con formalidad ¡o nada!

¡Bah! ¡Qué tiene de particular tomar un poco de contacto con la naturaleza.

(Retirándole una mano que él apoya en su hombro). Mire… Ya le conozco el modo a usted. ¡Poco aficionada soy yo a esa cuestión de contacto con la naturaleza!

Ven. Carmela… (De pronto ve a Clarita frente a él; se levanta). ¡Clarita!

¡No te creo! Pensaste que no iba a venir ala kermesse y convidaste a otra
fulana.

Déjeme explicarle, linda. Si lo que pasa es que… Te voy a presentar a una
amiga que acabo de conocer…, por casualidad…

(Le va a dar la mano y la reconoce; huasa). ¡Huuuy!, ¡la desmaya del choque!

(Por Carmela, indicándola). ¡La huasa de las gallinas!

(Nervioso, yendo de una a otra). Pero, linda, lo que pasa es… Carmela, me tengo que ir…

¡Qué humillación jugármela con ella! ¡Ah, no. qué roto! Yo te “pateo” ahora mismo… (Sale gritando). ¡Tía Lala!

¡Clarita! (Yendo tras ella). Pero, linda, ¡no va a tomar enserio, a la Carmelita!
(Se da cuenta de que Carmela ha escuchado; ella está furiosa: se excusa, saliendo). Me tengo que ir… (Sale.)

Acotación

Carmela va a sentarse muy entristecida. Van entrando los demás invitados; se quedan a cierta distancia. Entra Tomasito. Ruperto le está ofreciendo champagne a la Carmela. Las “Flappers” comentan

(A Cora). ¡Qué tandero! ¡Al Carlucho lo pilló la polola!

¡Que plancho! ¡Pooobre!… (Indica a Carmela).

(Para si). Abusivo, embustero… (A Ruperto). Joven, déme más de eso (Indica el champagne; se toma una copa de un sorbo) ¿Qué se habrá creído el “lindo”?
¿Que le iba a consentir? Abusivo, embustero… (Ve a Tomasito, que está observándola desde la entrada; viste de huaso)

Mira… Otro disfrazado. (Ríe y sale con Cora)

(A Tomasito). ¡Usted!

¿La dejó sola? (Gesto hacia por donde se fue Carlucho).

(Digna) ¡Bah! ¿”Endey”? (“Endey”, y qué).

¿Dónde se fue el futre?

Ahí no más. Dijo que volvía al tiro.

¿Cree que no lo vi salir con la polola?

Ideas suyas. (Bebe champagne). ¡Salud!

Vámonos mejor. Este no es lugar para usted. Capaz que…

¿Capaz que qué?

Capaz que hagan burla de usted.

Ahora sí. ¿Cree que no sé comportarme en sociedad?

Carmelita, si el pintorcito la dejó plantada, ¿que más va a hacer aquí? (La toma de una mano para salir).

(Agresiva). ¡A mí nadie me dejó plantada! Vayase usted, si quiere. Vayase a su Limache y quédese allá. ¿Cree que no sé portarme? Van a ver.

Acotación

Furioso, Tomasito se va del salón. Ella se levanta y con andar vacilante de borracha, pero con mucha gracia, se mueve entre los invitados, cantando su canción “Reprise de la gran dama”. Todos la miran.

CANCIÓN
La gran dama de Carmela

Carmela

Les voy a mostrar a ustedes
como se deben portar
pa que todo el mundo sepa
que son de la sociedad

Acotación

(Breve coreografía.)

Carmela

Se pintan como una mona
caminan de allá pa’ca…

Acotación

(camina ilustrando)

Carmela

Y si alguien les dice “quihubo”,
contestan “có-le-va”

Acotación

(saluda).

Carmela

Ay que estoy aburrida, Ay de pasar fruncida,
¡cuando soy natural!

Acotación

(Breve coreografía).

Comentarios superpuestos a la música.

¡No te puedo creer!… Si está “cucú”.

¡Qué niñita tan lanzada!

Ah, no, ¡se le está pasando la mano!

Acotación

Al terminar la canción, mientras comentan los invitados, Carmela busca a Tomasito.

¡Pero está completamente borracha!

¡Tomasito! ¿Dónde se fue? Buen dar que estoy arrepentida. Le quiero pedir
disculpas… Joven, ¿ha visto al Tomasito?

Pero ¡qué zafada!

Acotación

Entra Tomasito al salón, tras él asoman las tres pergoleras; se quedan en un extremo. Tomasito se acerca a Carmela, decidido.

¡Tomasito!

(Furioso). No quiso venir por las buenas, así es que va a venir por las malas. (Intenta arrastrarla fuera).

Acotación

Entran el Urbanista y Fuenzalida, que se han quitado los disfraces.

¿Qué le pasa a ése, Fuenzalida? (Indica a Tomasito).

La está maltratando, jefe.

(A Carmela). Señorita, si ese roto mal educado la sigue molestando, ¡avíseme!

(Tomándolo de las solapas). Le aviso entonces que este roto mal educado la va a seguir molestando.

No capto, Fuenzalida; ¿capta usted? (A Tomasito). ¡Grosero!

¡Se va a armar!

¡Jesús!

Acotación

Las pergoleras y demás invitados miran: el Urbanista, con pasitos ridículos, se enfrenta a Tomasito; éste aguarda tranquilo y cuando el otro ha hecho todo el teatro de un boxeador, Tomasito le da un solo golpe en la mandíbula dejándolo aturdido. Su caída se acompaña con batería, ridiculizando.

¡Se armó! (Se santigua).

Acotación

Tomasito saca a la Carmela de un brazo; la lleva junto a las pergoleras.

¡Ahora sí que la embarraste, Carmela!

¡Pelea! ¡Qué atroz! ¡No te puedo creer…, lo dejó lelo!

(Histérico al ver al Urbanista).

Mama! Siñora…, el bambino e morto!

Acotación

Entra Laura corriendo y se detiene ante el Urbanista.

¡Jesús! ¡Miren que acriminarse con el propio urbanista!

(Por Laura). La viuda…, ¡nos fregamos!

¿Qué hacen aquí esas mujeres? ¡Pimpín! Claro, las de la Pérgola tenían que ser. ¡Alcibíades! (Histérica). ¡Llamen a los pacos! (Le da palmaditas a Pimpín para que vuelva en sí). ¡ Ay, pero qué niño tan fatal!

Acotación

Los invitados levantan en vilo a Pimpín y se lo llevan. Quedan en escena sólo Laura y las tres pergoleras; se enfrentan de extremo a extremo.

A qué tanta bulla; ¡ni se lo “alocamos” siquiera!

(Avanza hacia Laura). Mire, la verdad, nosotros vinimos aquí a la kermesse a traerle unas flores para… (Cambio; volviéndose). Total, ¡no le digo ni una cosa! La embarra está hecha.

¡Ay, pero qué mujeres tan ordinarias! ¡Métanlas presas! (Llamando). ¡Alcibíades, Alcibíades!ç

(Imitándola). ¡Alcibíades! (A ella). Rucia “poti-frunci”. (Sale con Charo; Ramona avanza a pasos lentos hacia Laura).

¿Sabe qué más? ¡Una mugre su kermesse! (Se retira).

Acotación

Laura cae desmayada en brazos de Ruperto, que llega a tiempo. Música.

Escena 7

ESCENA 07: cuadro de transición, tonadas de medianoche

Aparecen, en la noche, junto a un farol en la calle, una mujer vestida de rojo, dos invitados de la kermesse, luego vendedores y gente de la calle para la canción y la coreografía.

CANCIÓN
Tonadas de medianoche

Mujer de rojo

Tonadas de medianoche
cantadas bajo un farol,
si el amor está dormido,
lo despierta mi canción.

Tonadas de medianoche
fragantes como alelí,
quiero que sepas, mi vida,
que vivo pensando en ti.

Acotación

Cueca estilizada.

Coro

Tonada de medianoche
llena de pena y dolor,
cuando se busca en la noche
un parecido al amor.

Acotación

Coreografía.

Borrachos

Tonada de medianoche,
tonada ronca de alcohol,
cuando se ahoga en su canto
el llanto de un corazón.

Tonada de medianoche
sonriente bajo un balcón,
porque una niña jugando
se ha robado un corazón.

Tonadas de medianoche
cantadas bajo un farol;
si el amor está dormido,
lo despierta mi canción.

Acotación

Fin de la canción. Se dispersan, el pequenero con su farol, los borrachos. Entra Tomasito con el maestro Rufino
y los dos borrachos de la fiesta.

¡Y le saqué la mugre de un solo “cuete”!

¡Chs! Claro, ¡eso es de hombre! (Le estrecha la mano).

Me tenía tan enrabiado la Carmela, que me dije: al primero que se me bote a
macanudo ¡le saco la mugre!

Claro, ¡eso es de hombre! Uno es hombre o no es hombre.

¡Y toca que es el urbanista, maestro!

¿El urbanista?

Se fue al diablo la Pérgola.

¡Al diablo se fue! ¡Total…!

Mañana mismo me vuelvo a Limache. Que se quede con su futre la Carmela.

¿La Carmela? No se me apensione tampoco… (Lo abraza).

Puchas… ¡Es que me enamoré de la Carmela, maestro!

Acotación

Salen ambos caminando. Termina la música.

Escena 8

ESCENA 08: La Pérgola al mediodía, mañana siguiente

Rosaura y Charo ofrecen con desgano las flores a los que pasan.

¿Qué va a querer, casero? (A una pareja que se acerca).

Rosas, clavelinas… (Se alejan los dos).

(Se alejan los dos).

No tengo ánimo ni para vender. Anoche no pegué los ojos. (Mirando el reloj de la iglesia). Las doce y media. A esta hora ¡ya estaremos sentenciadas!

Tantísimo que la peleamos y meter la pata justo al final, ¡dígame usted!

(Entra con velo negro). Recé un rosario y le hice manda a San Judas y a Fray Andresito. Si uno me falla, ¡cómo no me va a “apechugar” el otro!

No se haga ilusiones. No hay caso ahora, por lo que pasó anoche en la
kermesse. Su hijo, también, ¡ir a pegarle al urbanista!

¡Bah! ¿Y su ahijada? ¡Ir a emborracharse, también!

Cállese, vieja… (Se pelean con gestos y murmurando).

No hay que pelearse ahora: hay que estar unidas. Más que nunca.

Acotación

Entra Carmela.Viene otra vez como llegó, mismo traje; trae el sombrero de paja en sus manos. Tomasito sale del puesto de Ramona, y se aleja, sin mirarla.

¿Estás lista, Carmela? El tren sale a las dos.

Sí, madrina.

¿Que se va a ir la Carmela?

Yo le dije bien claro: “Si la embarrái, ¡te fleto pa San Rosendo!” y yo soy así. (Se quiebra su voz, de llanto). De una sola palabra.

¿Se fue el Tomasito, madrina?

Recién se devolvió para Limache.

¿Entonces no lo voy a ver nunca más? (Llora).

¿Cómo es eso? ¿No andabas tan “embolisná” con el Carlucho?

Es que cuando lo vi “dirse”…, cuando vi “dirse” al Tomasito, madrina, ¡me di
cuenta que estoy “re-enamorá”!

¡Buena cosa! ¿Y el Carlucho, entonces?

Pura bolina no más. Si desde el principio, el que me gustó fue el Tomasito.

Ya, no llorís más, chiquilla, que estoy que ya suelto el “barraco”. (Por soltar el llanto. Sujeta sus lágrimas. Rufino pone su mano sobre la de Rosaura, que se ha apoyado en el mesón. Ella finge enojarse, pero se le acerca llorosa. A Carmela). Ya, niña, prepárate, para llevarte a la estación.

Acotación

Carmela entra al puesto, saliendo de escena.

¡Las paltas, las tremendas paltas, pura mantequilla…!

a llegó ese cargoso a meter bulla. (Ve volver á Tomasito). ¡Bah!, ¿te devolviste, niño? ¿Que se te quedó algo?

Sí, lo principal. (Mira a Carmela, que sale ahora del puesto con los canastos. Trae puesta la chupalla y las trenzas le cuelgan a lado y lado.)

¡Tomasito!

(Por las trenzas). ¡Bah!, ¿y cómo fue esto?

No me animé a volver pela donde mi taitita, así es que las cosí a la chupalla. (Se la quita, y le muestra).

¡Esta sí que es mi Carmelita! ¡Igualita al día en que llegó a la capital!

Ojalá fuera ese día.

¿Se acuerda de lo que teníamos hablado?

¿Cómo no me iba a acordar, Tomasito?

¿Y qué me dice, entonces?

Le digo…, le digo… (Entusiasta), ¡de que SI! (Se abrazan).

Reprise de un trozo de “Campo lindo”. Todos los miran emocionados.

(Cantan).

Campo bueno, campo bueno,
es mi tierra a trabajar;
pero cuando tenga dueña,
¡campo lindo lo quiero llamar!…, etc.

Acotación

Alboroto; algunos avisan: “El alcalde”.

Viene para acá. ¡Misericordia, Dios de los Ejércitos! San Judas Tadeo, Fray
Andresito…, ¡asístanme!

Mejor hagamos como que no nos importa.

No. Yo esta huifa ¡no la aguanto!

Acotación

Entra el alcalde saludando: “Buenos días”. Varios le responden.

(Desganada). ¿Qué se le va a ofrecer, señor alcalde? Le tengo rosas, claveles dobles…

A ver, una docena de rosas.

Oiga, señor alcalde, ¿no era para hoy día la cosa en la Municipalidad?

Ah, sí, por supuesto, señora Rosaura. Vengo de allá. La Ilustre Municipalidad,
después de considerar los pros y los contras, y la falta de fondos de que carece
la Municipalidad, acordó… a ver, póngame también una docena de esas rosas
blancas…

¿Acordó, señor alcalde?

Ah, sí, acordó, y por unanimidad, esta mañana, en relación con el dicho proyecto de ensanche… (Se distrae con una muchacha que pasa coqueteando).

¡Ya pues, largúela, señor alcalde! (Se tapa la boca).

Ah, sí, por supuesto…, acordó… (Se interrumpe ahora porque hay un alboroto y aparecen Laura y toda su comitiva, las Rioseco, Pimpín, niñas, etc.)

Diantre… La viuda. Esa rucia “culi-frunci” se va a salir con la suya…

Alcibíades, ¡aquí estaba!, y yo buscándolo por todas partes para saber la
noticia. Ven, Pimpín, para que te felicite, porque supongo que tendrá que
felicitarlo, ¿no?

Naturalmente. (Lo abraza). Felicito al gran urbanista Valenzuela…

Un momento, señor alcalde. Antes me va a oír una palabrita. Como presidenta de la Pérgola de las Flores y de las más antiguas aquí, le voy a decir que esto que están haciendo es una gran injusticia con nosotras. Esciertoque somos un poco arrebatadas y a veces se nos anda pasando la mano, pero no puede negar que es harto querida la Pérgola de las Flores. (Todas las de la Pérgola y pueblo afirman). Nosotras llegamos aquí con puros canastos, y luchamos. Dimos la pelea hasta que conseguimos que nos levantaran esta Pérgola. Así es que no vamos a consentir que nos echen de aquí. Vengan a demolernos no más, ¡ aquí vamos a estar nosotras y no nos vamos a mover aunque se nos venga la Pérgola encima!

Acotación

Gran alboroto de todos sus partidarios, estudiantes que se han sumado y que avivan la Pérgola. Los partidarios de Laura y Pimpín comentan con enojo.

Un momento señora Rosaura. ¿Quién le dijo que le íbamos a demoler su
Pérgola?

¿No estaba recién felicitando al urbanista?

Pero, Alci…

Naturalmente: felicitaba al gran urbanista Valenzuela porque esta mañana se
aprobó un nuevo proyecto que tendrá él a su cargo: el del ferrocarril
metropolitano para Santiago.

¡ Salvaje!

¿Metro? ¡Metro como en París, niña!

¿Metropolitano? No capto. ¿Capta usted, Fuenzalida?

Tren subterráneo, jefe. (Hace el gesto).

¿Cómo no va a saber lo que es un metro?

Alci, no le creo. ¿Pimpín tendrá a su cargo el Metropolitano para Santiago? (Lo lleva a un lado). Oiga, supongo que lo dice en serio.

No faltaba más.

(Acercándose a ellos). Bueno ¿y qué pasó con el proyecto de ensanche, con la demolición de la Pérgola, señor alcalde?

Ah, sí, por supuesto: la Ilustre Municipalidad, tomando en cuenta la carencia
de fondos…, y las protestas, decidió, esta mañana, por unanimidad, ¡concederle
una prórroga de quince años!

¿Prórroga? ¿Prórroga, dijo? (El alcalde asiente). ¡Nos salvamos!

¡Viva el alcalde!

(Arrodillada). Gracias, San Judas y San Andrés, ¡ sabía que no me iban a dejar mal!

¡La pelearon y la ganaron!

(Se abraza a Rufino). ¡Buena cosa!

En quince años más vamos a estar “chuñuscas”.

(Llevando al alcalde a primer plano). Oiga, Alci, ese proyecto del Metropolitano ¿no lo irán a postergar también? Mire que este niño ¡es tan fatal!

Cómo se le ocurre, Laurita: por una viudita tan linda como usted ¡yo rompo
todas las esquinas de Santiago!

Acotación

Parte alegre la música para la canción final, con coreografía, reprise de la canción de la Pérgola: “¿Quiere flores, señorita…?”, mezclada con otras, entre los vivas.

¡Viva la Pérgola!

Porque la Pérgola…

¡Es castiza, es hermosa, es poética y también original!…, etc.

¿Quiere flores, señorita,
quiere flores el señor?…, etc.

Acotación

Canción completa cantada por todo el elenco con coreografía.

FIN DE LA PÉRGOLA DE LAS FLORES.